Para nombrar la poesía
La función del poema no es hablar. Un poema que habla mucho no es sino una cháchara. A pesar de que esta hecho de palabra, esta no existe para comunicar. Su tarea es propiciar el sentir. El poema no habla del amor, ni de la tristeza... Hace del amor y de la tristeza un sentimiento. Un poema enmudece la palabra, para generar el silencio de lo sentido.
Un poema invita al retiro. Ni se escribe ni se lee entre la muchedumbre. Porque el silencio es el arma expresiva esencial.
El poema es un dispositivo textual concebido para albergar la poesía. Es en él donde se refugia con mayor comodidad la poesía. No existe la poesía sin el poema. La poesía existe por el poema, puesto que este es el que garantiza que la poesía no se sacrifique a la palabra. Un poema no tiene género; o es un género en si. Ningún poema es igual a otro; es un camaleón que cambia de piel constantemente. Un poema no es ni siquiera fiel a su origen, pues una vez nacido va al complejo río de la lectura. Es un río heraclitiano. Nunca es el mismo.







